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Tamara Burlando

· julio 22, 2017 · Escultura , Fotografía , Textil ·

de José Ignacio a Papunya.

Conozco a Tamara desde hace muchos años. La he visto crecer como persona, formarse como una gran artista, y seguir siendo una preciosa muchacha sonriente, generosa, que siempre vuelve a su lugar.

Estarán peguntándose que es Papunya. Es una ciudad de Australia, una comunidad hermosa, indígena, a 255 km  al noroeste de Alice Springs. Está prácticamente en el centro de esta isla casi continente, rodeada de desiertos.

INICIOS

Cuando este verano expuso sus obras en Manantiales, fueron un éxito. Y ahí terminé, por ahora, de valorar lo que ha hecho por el mundo esta artista.

Buenos Aires es la ciudad donde nací (aunque según tengo entendido hubo un fallo en el cálculo del tiempo del nacimiento, ya que debería haber nacido del otro lado del charco.. Ya que acá en este Uruguay tan sin igual, tengo a mi familia y a mis amigos de toda La vida. Es donde tengo el corazón.”

Después de Secundaria estudió dos años  Bellas Artes en la Prilidiano Pueyrredón, en Buenos Aires.

Terminó la especialización en Escultura en La Massana, Barcelona.

Estudió tres años  Fotografía en el IEFC (Institut de Estudis Fotografics de Catalunya, también en Barcelona.

Realizó  cursos textiles de diferentes técnicas en Buenos Aires, Japón y Australia.

“El arte fotográfico se hizo   presente mientras estudiaba  escultura en la Massana. Allí empecé a construir  instalaciones donde incorporé la fotografía. Me entusiasmó la técnica fotográfica, todavía en  los años  de las cámaras reflex tradicionales, con rollo fotográfico y cuarto oscuro para procesar. Creo que eso fue una suerte para conocer cómo era originariamente esto  de la fotografía. Hoy es muy diferente, es una herramienta más de la computadora.” “Igual me enamoré de las técnicas antiguas.”

TRAYECTORIA

Tamara me cuenta  que tuvo la suerte de  haber vivido en lugares especiales en cuanto al arte, donde ha conocido culturas muy diferentes a la nuestra.

Buenos Aires, Montevideo, Maldonado, Barcelona, India, Kioto y otros. Ahora Australia y luego seguirá estoy segura de eso. Conozco su espíritu tan lleno de arte, de belleza y de búsqueda constante de espiritualidad.

“Barcelona es donde me formé profesionalmente, donde pude crear con libertad. India  me mostró  que el tiempo no es lineal y que el espacio puede ser mucho más colorido y lleno de realidades inimaginables. Kyoto me mostró una cultura milenaria, me enseñó el placer y el respeto por las ceremonias, el profundo amor por la tierra, por último la Comunidad Indígena de Papunya y Alice Springs en Australia donde hace seis años vivo. Otra vez encuentro una cultura  diferente donde me tuve que sentar a escuchar y observar primero para poder entender de qué se trata, después accionar sin ofender a nadie. Es un lugar donde la cultura  blanca y la indígena intentan dialogar y relacionarse. Aquí  se juntaron dos vocaciones naturales en mí, la social y la artística. Por lo cual estoy feliz, peo es muy difícil estar tan aislados y lejos del mar. Sobre todo del Río de la Plata.!”

TRASCENDENCIA

En sus fotos que podemos apreciar ha tomado hechos y circunstancias de la vida de los indígenas.

En sus textiles, maravillas que sus manos logran.

Cuando vi su obra fotográfica me impactó lo simple y a su vez lo hermoso de lo que transmitían.

Usa un sistema que le lleva mucho tiempo, que según ella es simple.

Recolecta todas los saquitos de papel del té. Deja que el sol los seque, quita el té, es decir los vacía y los cose sobre una tela, con puntadas estéticamente distribuidas.

Aparte toma fotos de mujeres artistas  aborígenes con las que trabaja, con una cámara de medio formato. Las pasa a un medio digital con scanner que imprime en papel de fotocopia. Po último las transfiere  con una técnica de grabado de las tantas que emplea, a la tela con las bolsitas de té cosidas.

El resultado es siempre diferente, ya que al ser manual, nunca se sabe el resultado final. La temperatura del atelier varía y hace que cambie la tonalidad con que aparecen sus trabajos.

Emplea también hilos, fibras o realiza combinaciones con lo textil. El resultado queda para que cada uno opine. Son verdaderamente únicas.

“A veces pienso en José Ignacio y aunque voy todos los años, cada día me parece un lugar que desconozco. Podría decir que le han robado el alma! Pero igual sus rocas conservan las historias  de la gente que alguna vez las recorrió descalza y no venían a mirar el pueblo sino  a mirar el mar.

Para mí es un lugar iconográfico dentro de mi mapa emocional. Es donde disfruté de niña, donde aprendí a cebar mate y cocinar empanadas de dulce de leche.

En fin, donde siempre quise vivir y estoy segura que algún día lo haré.”